La Diócesis de Ávila

 

Situación actual
 

La Diócesis de Ávila, en España, es sufragánea de la Archidiócesis metropolitana de Valladolid. Su población actual, en censo oficial de 8 de diciembre de 1996, es de 176.791 habitantes, con una disminución de habitantes respecto al censo anterior.

Los núcleos de población son numerosos, agrupados algunos en el mismo municipio. Son éstos 247. El de la ciudad de Ávila comprende ca. 51.000 ciudadanos. Sólo otros tres superan los 5.000, Arévalo, Arenas de San Pedro y Candeleda; más de un centenar no llegan a 500, y entre éstos, la mayoría no superan los 300. Con características muy diversas, que diferencian zonas de la provincia con personalidad propia. Es el caso de La Moraña, la estepa que circunda la capital y que se prolonga en las parameras, y los valles del sur de la provincia, dotadas de un microclima cálido. La Sierra que se extiende hasta las estribaciones de Gredos.

La superficie de la diócesis, coincidente con la de la provincia civil del mismo nombre, a raíz del Concordato de 1953, con una extensión de 8.048 km2, con características geográficas muy diferenciadas.

Limita al norte con la diócesis de Valladolid; al este con las de Segovia y Madrid; al sur con la de Toledo, y al oeste con las de Salamanca y Plasencia.


Datos históricos
 

Los orígenes históricos del cristianismo y de la fundación de la iglesia en Ávila se han querido llevar hasta el siglo I, atribuyéndolo a San Segundo, uno de los llamados Varones Apostólicos. La tradición local que lo sustenta, muy tardía, data del primer tercio del siglo XVI, y a lo largo de ese siglo tomará carácter de certeza y arraigará entre los historiadores locales.

Datos más seguros nos llevan a fijar los orígenes de la diócesis en el último tercio del siglo IV, cuando Prisciliano es consagrado obispo de la sede abulense hacia el 381, sin que nos haya llegado noticia de algún otro obispo precedente. Cuando Prisciliano es ajusticiado en Tréveris en el 385, se vuelve a perder toda noticia de obispos, hasta que ya en la época visigoda, a partir del 610, aparecen las subscripciones de obispos abulenses en los Concilios de Toledo.

La primera presencia cristiana en Ávila perfectamente documentada es la de los hermanos Vicente, Sabina y Cristeta, que sufren martirio por Cristo en la ciudad y en ella son sepultados, poco antes de la Pax Constantiniana; y la más que probable devoción de los cristianos abulenses que quieren ser enterrados en sus inmediaciones: tales son los únicos vestigios que nos han llegado de una incipiente comunidad cristiana en la ciudad.

También son escasas las noticias de la iglesia local en el periodo visigodo: tan sólo la sucesión de firmas de obispos en los concilios toledanos, desde el 610 hasta el 693, nos permiten suponer una iglesia consolidada y organizada en este siglo VII. Ninguna noticia posterior lleva a asegurar la presencia de cristianos mozárabes durante la dominación árabe en una ciudad que, por lo demás, los autores califican de casi desierta.

Habrá que esperar a la reconquista de Toledo (año 1085) para ver la repoblación del territorio y la restauración del cristianismo y de la sede episcopal. Poco después del año 1100 el antiguo obispo de Valencia —el don Jerome del Cantar de Mío Cid— recibe el territorio de las actuales Salamanca, Zamora y Ávila para implantar en ellas la organización eclesiástica. Poco después del 1120 Ávila comienza a ser sufragánea de Compostela, al igual que las restantes iglesias que antiguamente dependían de Mérida. El obispo Sancho es consagrado por el compostelano en 1121, al igual que su sucesor Íñigo en 1133, hermano del anterior, hasta entonces arcediano de la catedral abulense.

Este último dato es revelador de una incipiente y progresiva organización eclesiástica en toda la diócesis. Son los años de la construcción de una modesta catedral, cuyos escasos vestigios se conservan en la actual, comenzada unas décadas más adelante. La creación de los arcedianazgos de Olmedo y Arévalo se lleva a cabo poco después. Y la construcción, en este siglo y el siguiente, de las grandes iglesias románicas en la ciudad indican una sólida implantación del cristianismo.

También pertenecen al siglo XII las primeras manifestaciones de vida anacoreta: son famosos los ejemplos de San Pedro del Barco, San Pascual de Tormellas y San Bernardo de Candeleda. Y por estas mismas fechas aparecen los primeros monasterios, de benedictinos y premostratenses, a los que se unirán pronto conventos de franciscanos y carmelitas, y de monjas cistercienses: una implantación que llegará a plenitud en los siglos XV y XVI con monjas carmelitas, dominicas, clarisas, concepcionistas y agustinas: no sólo en la ciudad, sino también por el norte de la diócesis, para llenar poco a poco toda la geografía diocesana.

En el orden intelectual destaca la figura cumbre de las letras eclesiásticas de la época, el obispo Alfonso Tostado, el Abulense (+1455).

Los límites geográficos habían quedado fijados desde el siglo XII: hasta la tierra de Medina por el Norte; hasta Peñaranda, Béjar y Plasencia por el Oeste; hasta puente del Arzobispo, Talavera y Escalona por el Sur; y hasta las tierras de Villacastín y Párraces por el Este.

El siglo XVI marca el punto culminante del esplendor de la diócesis. Florecen las órdenes religiosas: se funda el colegio de los jesuitas (1553) al que pronto se unirán los de Arévalo y Oropesa; se inicia la reforma franciscana de San Pedro de Alcántara (+1562) y la reforma carmelitana de Santa Teresa (1562); se funda el Seminario Conciliar (1568); el estudio general de los dominicos adquiere el rango de universidad (1576). Es también la época de la construcción de los templos (se había iniciado en el siglo anterior) que en su gran mayoría sirven en la actualidad a las necesidades de los fieles, salvo los monumentales templos románicos de los siglos XII y XIII en la capital.

La organización territorial de la diócesis venía heredada del siglo anterior: arciprestazgos de Ávila, Arévalo (con la vicaría de Madrigal), Olmedo, Bonilla, Piedrahíta, Barco, Arenas (con la vicaría de Mombeltrán), Oropesa y Pinares. A esta organización territorial acompaña e incluso precede una organización personal (vicarios, párrocos, beneficiados, capellanes, visitadores, tribunales...) que pervive en los siglos siguientes.

La nómina de casas religiosas crece también en este siglo, y no sólo en la capital: habrá fundaciones en Olmedo, Arévalo, Madrigal, Oropesa, Piedrahíta, Arenas, Barco, Aldeanueva, Fontiveros, Duruelo, Cebreros, Bonilla, Cardillejo, El Risco, Mancera, Mombeltrán, Candeleda, La Moraleja, Rapariegos, Velada, Martín Muñoz, Calzada de Oropesa, Rágama... No ha sido suficientemente valorada la acción evangelizadora de tantos religiosos que desde sus casas se desplazaban a los pueblos vecinos para ayudar a los párrocos en el púlpito y el confesionario.

Esta situación se deteriora paulatinamente a partir del siglo siguiente, si bien la estructura organizativa se conservará hasta el XIX. Una de las principales vías de acción pastoral en estos siglos serán las hermandades y cofradías locales: a la sombra de cada parroquia, bajo la tutela poco delimitada del párroco, se encuentran siempre una o varias cofradías marianas, y otras de carácter penitencial (para Semana Santa sobre todo), y de beneficencia.

El comienzo del siglo XIX marcará una época llena de convulsiones en toda la diócesis, como en tantas otras de la Península, que no terminará hasta la Restauración, en el último tercio de este siglo: destrucciones por la guerra con los franceses, desaparición implacable de todas las casas de religiosos varones, presiones insoportables sobre las casas de religiosas, expolios sobre un patrimonio artístico y documental que se perdía irremediablemente, años de precario funcionamiento del Seminario. El Concordato de 1851 marca el inicio de una lenta y difícil recuperación de una situación que en no pocos momentos resultó caótica.

La diócesis de Ávila pasó a formar parte de la recién creada archidiócesis de Valladolid. La recuperación de normalidad y de incluso esplendor coincide sobre todo con el pontificado del dominico fray Fernando Blanco.

Durante la guerra civil de 1936, la parte sur de la diócesis sufrió la destrucción y saqueo de numerosos edificios y archivos religiosos, y murieron violentamente treinta sacerdotes diocesanos, cinco de los cuales en proceso de canonización cmo mártires de Curto. La reconstrucción se hizo rápidamente, con una generosa colaboración de las restantes zonas de la diócesis.

A raíz del Concordato de 1953 entre el Estado Español y la Santa Sede, numerosas parroquias que desde su creación habían pertenecido a esta diócesis pasaron a las de Valladolid, Segovia, Salamanca y Toledo.


 

Obispos de la sede abulense

Obispo Periodo
San Segundo siglo I
Prisciliano 381-385
Justiniano 610
Teodoigio 633
Eustoquio 646
Amanungo 653 y 656
Asfalio 666 y 681
Onegisis 683
Juan I 688 y 693
Jerónimo 1103-1120
Sancho 1121-1133
Íñigo 1133-1158
Sancho 1160-1181
Domingo 1182-1187
Domingo 1187-1190
Juan II 1191-1195
Jacobus o Yagüe 1195-1203
Pedro Instancio 1205-1212
Domingo Blasco 1213-1227
Domingo Dentudo 1228-1239
Benito 1241-1259
Fray Domingo Suárez, OFM 1263-1271
Fernando Rodríguez 1290-1292
Pedro González de Luján 1293-1312
Sancho Blázquez Dávila 1312-1355
Gonzalo de la Torre 1355-1359
Alfonso I 1361-1371
Alfonso II 1371-1372
Alfonso III 1372-1379
Diego de los Roeles 1381-1394
Alfonso de Exea o de Córdoba 1395-1403
Juan Rodríguez de Guzmán 1403-1424
Diego Gómez de Fuensalida 1424-1436
Juan Card. De Cervantes 1437-1441
Fr. Lope de Barrientos, OP 1441-1445
Alfonso de Fonseca I 1445-1454
Alfonso Tostado de Madrigal 1454-1455
Martín Fernández de Vilches 1456-1469
Alfonso de Fonseca II 1469-1485
Fray Hernando de Talavera, jerónimo 1485-1493
Francisco Sánchez de la Fuente 1493-1496
Alfonso Carrillo de Albornoz 1496-1514
Fray Francisco Ruiz, OFM 1514-1528
Rodrigo de Mercado 1530-1548
Diego de Álava y Esquivel 1548-1558
Diego de los Cobos 1559
Álvaro de Mendoza 1560-1577
Sancho Busto de Villegas 1578-1581
Pedro Fernández Temiño 1581-1590
Jerónimo Manrique de Lara 1591-1595
Fray Juan Velázquez de las Cuevas, OP 1596-1598
Lorenzo Otaduy Avendaño 1599-1611
Juan Álvarez de Caldas 1612-1615
Francisco de Gamarra 1616-1626
Francisco Márquez de Gaceta 1627-1631
Pedro Cifuentes de Loarte 1632-1636
Diego de Arce Reynoso 1638-1640
Juan Vélez de Valdivieso 1641-1645
José de Argáez 1645-1654
Bernardo de Atayde 1654-1656
Martín de Bonilla 1656-1662
Francisco de Rojas Borja 1663-1673
Fray Juan Asensio, mercedario 1673-1682
Fray Diego-Ventura Fernández de Angulo, OFM 1683-1700
Gregorio de Solórzano 1700-1703
Baltasar de la Peña Avilés 1703-1705
José del Yermo Santibáñez 1720-1728
Fray Pedro de Ayala, OP 1728-1738
Narciso de Queralt 1738-1743
Pedro González 1743-1758
Romualdo Velarde y Cienfuegos 1758-1766
Miguel-Fernando Merino 1766-1781
Antonino de Sentmanat y Cartellá 1783-1784
Fray Julián de Gascueña, alcantarino 1784- 1796
Francisco-Javier Cabrera Velasco 1797-1799
Rafael Múzquiz Aldunate 1799-1801
Manuel Gómez de Salazar 1802-1815
Rodrigo-Antonio de Orellana, premostratense 1818-1822
Ramón-María de Adurriaga Uribe 1824-1841
Manuel López Santisteban 1847-1852
Fray Gregorio Sánchez Rubio, jerónimo 1852-1854
Juan-Alfonso de Alburquerque 1854-1857
Fray Fernando Blanco Lorenzo, OP 1857-1875
Pedro José Sánchez-Carrascosa Carrión 1875-1881
Ciriaco María Sancha Hervás 1882-1886
Ramón Fernández Piérola 1887-1890
Juan Muñoz Herrera 1890-1895
José María Blanc Barón 1895-1897
Joaquín Beltrán Asensio 1898-1917
Enrique Pla y Deniel 1918-1935
Santos Moro Briz 1935-1968
Maximino Romero de Lema 1968-1973
Felipe Fernández García 1976-1991
Antonio Cañizares Llovera 1992-1996
Adolfo González Montes 1997- 2002
Jesús García Burillo 2003

Obispos Electos
Obispo Año elección
Esteban 1241
Domingo Martínez 1273
Fray Aymar, OP [electo hasta 1290]
Diego de Córdoba 1558
Alfonso López Gallo 1626
Fray Antonio Pérez, benedictino 1637
Fray Froilán Díaz, OP
Fray Francisco de Solís, mercedario.
Fray Julián Cano, carmelita
1714-1719
José Antonio García Texero 1823