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Orientada al poniente,
estaba formada por una portada gótica, situada en el gran pórtico
que forman las dos torres, de las que sólo una fue terminada, ya
en el siglo XIV, cuando el obispo don Sancho decidió terminar las
obras del templo. A los lados aparecían dos capillas, cubiertas
con bóvedas de crucería y que en la actualidad han quedado
cerradas por la nueva portada, colocada en el siglo XV, cuan Juan Guas
trasladó a la fachada norte la que estaba ubicada en este lugar.
De la capilla lateral derecha arranca la escalera que conduce a la torre
que está sin terminar, con comunicación a la de la izquierda
por medio de un balcón interior; la torre de la izquierda tiene
acceso directo al templo, por una escalera interior.
El pórtico actual no es el original. Se distingue un conjunto abocinado,
de estilo gótico, cuyas arquivoltas están formadas por simples
molduras lisas, decoradas algunas con calados vegetales y hojarasca, y
dispuesta en sentido de su curva; descansan en capiteles unidos en faja
corrida, cuyas finas y delgadas columnas descansan sobre una basa acanalada
horizontal.
Las jambas de la puerta carecen de figuras y en su lugar se han colocado
dos hombres salvajes. El tímpano, muy pequeño a causa de
la elevación de un arco de medio punto, que evita el parteluz,
ofrece un medallón con la imagen de San Segundo y algunas molduras
geométricas, que tratan de suplir la pobreza de los materiales
empleados.
Partiendo del frontón aparece un conjunto ornamental, que, por
ser de piedra blanca, contrasta con la sillería de granito del
resto de la fabrica. Fue realizado en el año 1779 por el arquitecto
Ceferino Enríquez de la Serna, en virtud de un acuerdo capitular.
Suprimió una serie de estatuas,
que tenía la ornamentación anterior y en su lugar aparecen
los relieves de S. Pedro y S. Pablo. Remata el conjunto una balaustrada
con columnas, cuyos, vanos, cegados, presentan hornacinas con doseles
y, sobre repisas, con mascarones, las estatuas del Salvador, en el centro,
y de los santos Vicente, Sabina y Cristeta, Sta. Teresa, S. Segundo y
el Arcángel S. Miguel, a los lados. Sobre este cuerpo, y a modo
de frontón, nace por los lados un balaustre inclinado, que apoya
en sendos remates constituidos por cuatro estatuas que continúan
las columnas inferiores; de ellas, las dos centrales son más elevadas
y a modo de templete, alojan el escudo de la catedral, rematado todo ello
con la figura del Arcángel S. Miguel.
Las construcciones existentes sobre
la torre inacabada se debieron a la necesidad de edificar una vivienda
para el campanero, obra que se llevó a cabo el año 1578
por disposición del cabildo. Entonces se levantó el enladrillado
que hoy vemos sobre las almenas y ala del edificio, y se remató
con una techumbre de madera en forma de tejado, como solución de
momento. Aunque se proyectó en alguna ocasión su demolición,
ya para levantar la torre a la altura de su pareja, ya para rematarla
a la altura que hoy tiene mediante un almenado igual al de las murallas,
con gallete de coronamiento, no se ha llevado a cabo la obra.
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