"Tiempo de Adviento"

27 de noviembre de 2011

Comenzamos este tiempo de Adviento orando con toda la Iglesia, y decimos: “Dios todopoderoso, aviva en tus fieles al comenzar el Adviento el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a tu derecha, merezcan poseer el Reino eterno”. La Iglesia ha ido acuñando esta oración, que expresa todo el sentido de este tiempo para un cristiano y para toda persona abierta a Dios. Sólo Dios puede avivar y purificar el mejor deseo del corazón del hombre, el deseo de encontrarnos con el Señor y vivir con El para siempre. 

Sabemos por experiencia que nuestro deseo queda anclado en lo inmediato, y que puede esclavizarnos en el poseer lo aparente y lo placentero. Por eso, necesitamos que Dios avive el deseo verdadero de nuestro corazón, que anhela el encuentro con el Señor que viene a nosotros. El deseo del corazón humano está hecho para el Señor que viene a nosotros. Ya ha venido en nuestra carne, en nuestra Historia. Está viniendo a nuestro encuentro en esta etapa de la vida. Vendrá definitivamente para que estemos con Él para siempre. Aquí está la razón de nuestra esperanza, y aquí ha de estar nuestro deseo, nuestra voluntad, nuestra mente y corazón. No cerremos nuestro deseo a la esperanza de nuestro encuentro con el Señor. Estamos hechos para Él, y peregrinamos a su encuentro para siempre.  

Este deseo, que se hace esperanza del encuentro con el Señor, no se desespera en la espera vacía. Se llena en la verdad de las buenas obras. Vive en esperanza quien se dedica, con todo su ser, a hacer el bien, a amar de verdad al prójimo. Vive en esperanza quien vive para los desesperados y abatidos. La esperanza nos hace capaces, y nos hace cargar con los más débiles y desvalidos. Esperamos entregándonos a los demás. 

No olvidemos que esperamos al Señor, y que esperamos vivir con Él para siempre. Esperamos vivir en su compañía, vivir en su Amor. Esperamos de verdad cuando entramos a vivir en su Amor con los más necesitados. Quien sólo vive para sí, vive sin esperanza, porque sólo espera encerrarse en sí mismo. Eso es el infierno, es cerrarse al Amor, cerrarse a Dios y cerrarse al prójimo. Quien vive en esperanza, camina en la entrega personal, despertando a tantas personas a la vida a sentirse queridas, a sentirse vivas para hoy y para siempre. El Señor viene a despertarnos a la vida, y la vida para siempre.  

Este tiempo de Adviento, es un tiempo oportuno para levantar la mirada a Dios, para estar alerta a su presencia. Es tiempo para encender la vela de la vigilancia, para no quedarnos entretenidos con el momento. Es tiempo para vivir con sencillez, para tomar en serio a los demás. Es tiempo para allanar caminos de encuentro. Es tiempo para acoger a Dios junto a la Madre, María. Es tiempo para ponernos en pie, y mirarnos con esperanza. Es tiempo para dejarle a Dios su lugar entre nosotros. Es su casa: está con nosotros.